Hipermnesia — La maldición de la memoria sin límite

Autor: Sergio Senin (sergiosenin@hotmail.com).

Editores: Paola Guadalupe, Carolina Cárdenas y David Cuaspud.

ECORDAR TODO Y OLVIDAR NADA. Todos somos capaces de recordar determinados momentos en nuestra vida que nos marcaron profundamente para bien o para mal. También, con el paso del tiempo, vamos olvidando o reemplazando información vieja por otra más nueva o de mayor utilidad. El cerebro humano necesita dejar cosas atrás para poder seguir adelante y la capacidad de olvidar nos ayuda a continuar con nuestras vidas, curar las heridas y superar los traumas. Las personas que padecen hipermnesia, o hipertimesia, tienen una capacidad de recuerdo y evocación muy superiores a la media, siendo capaces de recordar con precisión y detalle una gran cantidad de material. Cuando no pueden abstraerse y seleccionar el material recordado, sufren graves alteraciones de ánimo y ansiedad. Esta patología recibe el nombre de síndrome hipermnésico. Si bien algunas de las personas con hipermnesia tienen una vida relativamente normal, para algunas otras su condición puede resultar extremadamente dolorosa e invalidante. No ser capaz de olvidar exige mucho tiempo para organizar contenidos mentales, aumenta la probabilidad de distraerse, disminuye la atención y la capacidad de aprendizaje además de provocar un descenso de productividad en las acciones. A nivel neuroanatómico, los pacientes con hipermnesia presentan una densidad más elevada de sustancia blanca y una conexión más fuerte en las regiones frontales y temporales del encéfalo (esta última tiene un papel importante en la memoria autobiográfica). Un mayor tamaño de la amígdala y sus conexiones con el hipocampo, dan una idea de que el aumento del nivel de recuerdo está vinculado a la conexión de los estímulos con las emociones (Castillero Mimenza, O., 2017)1. Aunque no es común, se han dado casos de hipermnesia temporal que están ligados casi siempre a algún tipo de trauma. Quienes lo padecieron, reviven un suceso con todo lujo de detalles hasta que, pasado un determinado período de tiempo, comienzan, de manera natural, a olvidar.

FICCIÓN. En 1942, Jorge Luis Borges escribe “Funes el memorioso”, según sus propias palabras: “una larga metáfora del insomnio”. El cuento narra la historia de Ireneo Funes, un muchacho uruguayo que a los 19 años sufre un accidente y queda inconsciente. Cuando se recupera, se da cuenta que ha desarrollado una memoria prodigiosa que le impide olvidar detalles, es capaz de saber la hora exacta sin ver el reloj, puede relatar capítulos enteros de libros antiguos en latín y hasta se las ingenia para idear un sistema de numeración en el que cada número representa una cosa.

El mismo Funes dice en un pasaje del cuento: “Mi memoria es como vaciadero de basuras”(Borges, J. L., 1942)2; en realidad quien parece hablar es el propio Borges quien durante una entrevista televisiva declaró: “Yo no puedo dormirme porque para dormirme tendría que olvidarme de mi cuerpo, del reloj, de las diversas piezas del hotel, de los arbolitos fuera, del pueblo fuera; entonces pensé, qué terrible sería el caso de un hombre con una memoria infinita”(Borges, J. L., 1985).

Fig. 1 Ilustración basada en el cuento “Funes el memorioso”(Recuperado de https://filoyvalores.wordpress.com/2019/10/24/funes-el-memorioso/)

REALIDAD. Alexander Luria estudió psicología en la Universidad de Kazán y años más tarde volvió para doctorarse en medicina. Tras un primer acercamiento a Sigmundo Freud y el psicoanálisis, se sintió cautivado por los experimentos conductuales de Pavlov aunque no llegó nunca a confiar en que la conducta humana pudiese describirse exhaustivamente mediante conceptos como el de estímulo-respuesta y el del aprendizaje condicionado, al menos de forma exclusiva . Durante la Segunda Guerra Mundial sirvió en el ejército y allí comenzaría sus estudios sobre neuropsicología entre los heridos y estos trabajos tendrían continuidad en el Instituto de Neurocirugía de Moscú (Ruiza, M., Fernández, T. y Tamaro, E. 2004)4.

Fue considerado el fundador de la neuropsicología en la Unión Soviética y desarrolló la idea de que el cerebro consta de tres unidades funcionales principales que trabajan en concierto durante cada actividad mental. La primera es la encargada de regular las funciones vitales que garantizan la integridad del individuo y la supervivencia de la especie, regulando además la conducta instintiva alimentaria, la sexual y de defensa; la segunda unidad tiene como función la del análisis, codificación o síntesis y almacenamiento de la información procedente del entorno; y la tercera unidad la de planificar, regular y verificar de acuerdo con lo planificado toda la actividad consciente (Luria, A.R., 1979).

Fig. 2 Alexander Romanovich Luria.

Alexander Luria trabajaba en su laboratorio del Instituto de Psicología de la Universidad de Moscú cuando conoció a Salomón Shereshevskii, un periodista local, que era hostigado en su trabajo por no tomar nota de las tareas que se le encomendaban. Muy lejos de ser un vago como pensaba su jefe, Salomón S. no necesitaba anotar absolutamente nada porque todo quedaba grabado en su memoria como una fotografía y cuando lo deseaba era capaz de recurrir a esa información y simplemente “leerla”.

Los primeros experimentos de Luria consistieron en hacerle memorizar palabras y cifras que, sin dificultad, repetía en el orden exacto. Muy pronto, con el correr de las pruebas, era capaz de observar durante 3 minutos una tabla de 52 números y letras y repetirlas a voluntad en cualquier momento del día sin siquiera inmutarse, como si fuera algo de lo más natural o, incluso, aburrido. El paciente de Luria se convirtió en el primer caso científicamente documentado de hipermnesia.

¡Y no sólo eso! Casi por casualidad, en cierta ocasión mientras memorizaba una tabla de datos se produjo un ruido en la habitación que desconcentró a Salomón S. y provocó “manchas blancas” en esa imagen mental que estaba incorporando y no fue capaz de repetirla posteriormente. Se dieron cuenta entonces que además de hipermnesia, era capaz de asociar colores a sonidos, sabores y texturas a las letras y sensaciones a los recuerdos. Toda esta información agregada se volvía absolutamente caótica a la hora de leer un párrafo largo o una poesía; las imágenes se superponían unas encima de otras y todo perdía sentido. Basado en sus estudios, Luria le diagnosticó una forma sumamente fuerte de sinestesia, en la cual el estímulo de uno de sus sentidos produce una reacción en los demás.

Fig. 3 Salomón Shereshevskii, el hombre que no podía olvidar. (Recuperado de https://www.samuelecorona.com/luomo-che-non-poteva-dimenticare-il-caso-solomon-shereshevsky/)

CUANDO LA REALIDAD Y LA FICCIÓN SE PARECEN. Suponemos que Salomón S. imaginó tener una vida de reconocimiento y bienestar pero lo cierto es que sus últimos años los pasó actuando como un monstruo de feria memorizando palabras extrañas y extensos números a pedido del público. Vivía como un inadaptado en un sótano con su mujer y su hijo en condiciones de extrema pobreza. Como no era capaz de olvidar nada aunque hiciera un gran esfuerzo consciente, le resultaba complicado concentrarse en las tareas que tenía que hacer porque todo el tiempo le invadían memorias que en ese momento él no buscaba recordar. En un esfuerzo desesperado por olvidar, llegó al punto de anotar información en un papel y quemarlo inmediatamente, pero no funcionó. Quizás por eso buscó alivio y olvido en el alcohol hasta el día de su muerte a los 66 años. Funes, el joven memorioso de Fray Bentos creado por Borges, muere prematuramente a los 21 años a causa de una congestión pulmonar. Ambos, ya sea en la ficción o en la vida real, compartieron la misma habilidad que más que un don parecía un castigo.

En 1965 Luria escribió su famoso libro “The Mind of a Mnemonist: A Little Book about a Vast Memory”, que se publicaría en 1968 muchos años después de la muerte de Salomón S. Mezcla de autobiografía, caso clínico y novela, marcó un antes y un después en los libros de divulgación científica. Oliver Sacks descubrió el libro cuando trabajaba como médico en el hospital Beth Abraham de Nueva York. Primero pensó que estaba leyendo una novela, pero luego se dio cuenta de que “de hecho se trataba de una historia clínica, la historia clínica más profunda y detallada que jamás había leído” (Leibach, J. , 2016)6. Cuando Luria murió en 1977, Sacks escribió su obituario para el Times.

Fig 4. “The Mind of a Mnemonist”, libro de Alexander Luria. (Harvard University Press, 1987)

Mientras repasaba este artículo se me ocurrió pensar que, a lo mejor, Ireneo Funes cansado de habitar las páginas del cuento de Borges se liberó para ocupar el cuerpo del desafortunado periodista ruso Salomón S. quien, 10 años después de su muerte, se convertiría en el personaje principal de un libro de divulgación científica cerrando así un círculo fantástico y misterioso. Cosas que se me ocurren, nada más.

REFERENCIAS

1 Castillero Mimenza, O. “Hipermnesia (memoria casi ilimitada): causas y síntomas” Recuperado de https://psicologiaymente.com/clinica/hipermnesia

2 Borges, J. L. “Funes, el memorioso” La Nación (junio de 1942); parte del libro “Ficciones”, Editorial Sur (1944)

3 Borges, J. L. Recuperado del programa televisivo “Tiempo de Borges”, ATC (junio de 1985) https://www.youtube.com/watch?v=oqg0crj1S2o

4 Ruiza, M., Fernández, T. y Tamaro, E. (2004). Biografia de Alexander Luria. En Biografías y Vidas. La enciclopedia biográfica en línea. Barcelona (España). Recuperado de https://www.biografiasyvidas.com/biografia/l/luria_alexandr.htm el 2 de noviembre de 2020.

5 Luria AR. “El cerebro en acción”. Barcelona: Ed. Fontanella, (1979).

6 Leibach, J. “Oliver Sacks: Under the Influence” , Science Friday (January 27, 2016)

https://www.sciencefriday.com/articles/oliver-sacks-under-the-influence/

Emprendimiento de Divulgación Científica hecho por científicos/as. Tenemos la misión de promover el impacto de la ciencia en el desarrollo de la sociedad.

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