Divulgación Científica

Una forma cautivadora de compartir conocimientos

Autora: Priscila Tejada (pristejadan@gmail.com)

Editores: Lissy Gross, Samantha Vargas y David Cuaspud.

A lo largo del tiempo, la ciencia se ha convertido en una herramienta mediante la cual el ser humano ha podido responder ciertas incógnitas con respecto a un problema o situación en base a la observación y experimentación, sin embargo, lo importante es saber cómo transmitir todo este conocimiento al mundo y ahí es en donde actúa la divulgación científica. Esta forma de comunicación permite “acercar la ciencia al público general, no especializado; es toda actividad de explicación y difusión de los conocimientos, la cultura y el pensamiento científico y técnico” (Fundora & García, 2021).

Los medios para divulgar la ciencia son variados y múltiples, tales como libros, carteles, folletos, programas de radio, programas de televisión, obras de teatro, publicaciones periódicas, medios de comunicación, soportes multimedia, Internet, museos y centros de ciencia (Figura 1) (Fundora & García, 2021).

Actualmente, las redes sociales funcionan como una herramienta importante de divulgación científica gracias al tiempo que las personas invierten en las mismas, además de facilitar que los estudiantes se conviertan en actores significativos de su aprendizaje, pudiendo decidir su nivel de participación e implicación en la red (Vázquez & Cabero, 2015).

La mayoría de personas tienen acceso al menos a una red social en la que comparten ideas, conocimientos o pensamientos y de esta forma muestran su interés por temas específicos, en este caso los relacionados a la ciencia. Gracias a esto, el poder de comunicar ha ido creciendo a tal punto de crear comunidades amantes de todas y cada una de las ramas científicas, permitiendo el intercambio de opiniones a la vez que se incrementa el aprendizaje de cosas nuevas. Las redes sociales ya no se usan únicamente como fuente de distracción del medio en el que nos encontramos, sino que funcionan demasiado bien para impartir conocimientos importantes a individuos de todas las edades y que estos puedan ser compartidos de generación en generación.

Sin embargo, cabe recalcar que no todo siempre es felicidad y más aún cuando se trata de herramientas tecnológicas ya que si bien nos son de gran utilidad en nuestra vida cotidiana, también nos sujeta a un sinnúmero de mentiras que pueden llevar a confusiones y errores en nuestro aprendizaje.

La información en Internet puede ser “engañosa” y responder a intereses particulares. En Internet podemos encontrar tanto información veraz y de calidad como “pseudoinformación” que bajo la apariencia de información de calidad oculta la finalidad de la misma, que puede hacer que la información no sea totalmente veraz o esté sesgada hacia una dirección determinada (Belloch, 2012).

Así como existen plataformas y divulgadores que se basan en información confiable y real, muchos otros se dedican a desinformar o a plantear sus ideas de cierta manera con el fin de causar pánico en la población y logrando que cada día se genere mayor desconfianza en los avances de la ciencia y sus aportes (Figura 2). Por esta razón, es que el papel de la divulgación científica es tan importante al colaborar desmintiendo cualquier tipo de información falsa con pruebas claras y limpiando el internet de comunicación malintencionada.

No todo el mundo puede hacer divulgación científica. Existen ciertas características que son requeridas para que una persona esté en condiciones de divulgar y sus conocimientos puedan ser aprovechados al máximo (Figura 3). Gracias a esto, las personas que se sienten atraídas hacia cierto tipo de información pueden empatizar con el divulgador no solo por lo que transmite sino también por la forma en que lo hace.

Es indispensable que se valore el trabajo que hacen los divulgadores científicos al dar a conocer al mundo las últimas novedades o avances en relación a cualquier tema, y es más importante aún seguir trabajando en nosotros mismos, en alimentar nuestra mente con nuevos conocimientos, en no dejarnos llevar por información falsa y servir de vehículos para que el mensaje científico nunca muera y nos siga nutriendo siempre.

Referencias:

Belloch, C. (2012). Las tecnologías de la información y la comunicación en el aprendizaje. Departamento de Métodos de Investigación y Diagnóstico en Educación. Universidad de Valencia. p.5.

Sánchez, Y. & Roque, Y. (2021, 18 abril). La divulgación científica: una herramienta eficaz en centros de investigación | Sánchez Fundora |. Biblioteca Nacional de Cuba José Martí. Recuperado de

http://revistas.bnjm.cu/index.php/BAI/article/view/315/323

Lopez, M. P. (2020, 22 diciembre). Los medios de comunicación: una mirada desde la socialización y educación. Chiqaq News. Recuperado de https://medialab.unmsm.edu.pe/chiqaqnews/los-medios-de-comunicacion-una-mirada-desde-la-socializacion-y-educacion/

MásQueNegocio (2017, 25 de mayo). Así funciona la desinformación en internet. Recuperado de

https://www.masquenegocio.com/2017/05/25/desinformacion-internet/

Vázquez. A., & Cabero, J. (2015). Las redes sociales aplicadas a la formación. Universidad de Sevilla. Revista Complutense de Educación. Vol. 26. p. 257. Recuperado de

https://idus.us.es/bitstream/handle/11441/32246/Las_redes_sociales_aplicadas_a_la_formac.pdf?sequence=1&isAllowed=y

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