¿La fuente eterna de salud y juventud?

Autora: Lissy Z. F. Gross (lissy.gross@gmail.com)

Editores: Sergio Senin, Felipe Peralta y David Cuaspud

odos hemos escuchado en algún momento nombrar a los famosos antioxidantes y sus beneficios para la salud. ¿Pero qué son realmente? ¿Cómo funcionan? ¿En dónde los encontramos? Y, quizás la pregunta más intrigante: ¿más cantidad de antioxidantes es siempre mejor?

Para entender el funcionamiento de los antioxidantes, primero tenemos que hablar de otras moléculas muy interesantes: los radicales libres. Puede parecer el nombre de una banda de rock/punk o un movimiento político, pero en realidad se tratan de moléculas, iones o átomos que tienen un electrón de su capa de valencia desapareado (Lobo et al. 2010). Si recuerdan de química básica, los electrones de valencia son los que se encuentran en la capa más externa del átomo, y son aquellos que se comparten con otro átomo para completar el orbital y formar un así llamado enlace covalente.

Figura 1: Comparación entre un átomo estable con sus orbitales completos (derecha en azul) y un radical libre, el cual tiene un electrón de su capa de valencia desapareado (izquierda en rojo), lo cual hace que sea altamente reactivo. Tomada de SES-Research

Entonces, como a los electrones no les gusta estar desapareados, como ocurre en el caso de los radicales libres, van a hacer todo lo posible para poder encontrar rápidamente su media naranja electrónica. Van a estar tan desesperados por aparear su electrón solitario, que van a reaccionar con la primera molécula que se les cruce. Por esta razón se dice que son muy reactivos (promiscuos). Ahora, ¿cuál es el problema? Los radicales libres se generan continuamente dentro de nuestro cuerpo, ya sea como resultado de reacciones químicas de nuestro metabolismo normal o por agentes externos como rayos X, rayos UV, ozono, humo de cigarrillo, polución, compuestos químicos industriales, etc. (Lobo et al. 2010).

Una vez generados, van a reaccionar con lo primero que encuentren, que en una célula puede ser desde los lípidos de las membranas o las proteínas que cumplen todas las cruciales funciones bioquímicas de nuestro cuerpo, hasta incluso el ADN que lleva nuestro material genético codificado. El problema es que cuando ocurren estas reacciones, se dañan estas moléculas biológicas tan importantes, y en el caso del ADN, incluso se generan mutaciones. Y algo aún peor es que estas reacciones son en cadena: cuando un radical libre reacciona con una molécula biológica y la oxida, esto no termina ahí, sino que se genera otro radical libre como producto de esta reacción que vuelve a reaccionar, y así sucesivamente. Es por eso que los radicales libres descontrolados pueden generar mucho daño por reaccionar indefinidamente en sucesivos pasos. Este daño causado en la célula se llama estrés oxidativo (Lobo et al. 2010, Wenthold 2019).

Figura 2: los radicales libres en son responsables del daño por estrés oxidativo y del envejecimiento celular

Por suerte, en nuestras células existe un delicado equilibrio redox entre los radicales libres y otras moléculas que los contrarrestan y se aseguran de mantener un balance: los antioxidantes.

Los antioxidantes son como kamikazes moleculares: Son moléculas que se sacrifican para aparear el electrón, finalizan la reacción en cadena descontrolada y de esta forma evitan que se oxiden y dañen las otras moléculas biológicas con funciones tan importantes (Lobo et al. 2010).

Figura 3: Los antioxidantes le ceden al radical libre el electrón que necesita para completar su orbital de valencia. De esta forma, evitan que el radical libre dañe las moléculas biológicas de nuestras células por robarles un electrón y generar la reacción en cadena. Tomada de ICPURE.

Si hay pocos antioxidantes y el equilibrio se encuentra desbalanceado a favor de los radicales libres, el daño y estrés oxidativo producido puede favorecer y predisponer muchas enfermedades como cáncer (por ejemplo, de piel por la luz UV o de pulmón por el humo de cigarrillo), enfermedades cardiovasculares, enfermedades inflamatorias, diabetes, cataratas, etc. (Lobo et al. 2010). El daño por radicales libres está también asociado al envejecimiento celular, razón por la cual se considera a los antioxidantes como moléculas “antiage”, tan famosas en el mundo de la dermocosmética (Masaki, 2010).

¿Cómo incorporamos antioxidantes en nuestro cuerpo? A través de la alimentación. ¿Y en qué alimentos los encontramos por ejemplo? (The Nutrition Source).

· Vitamina C: Brócoli, coliflor, kale, kiwi, limón, naranja, frutillas, batata/boniato, tomates y morrones verde/rojo/amarillo.

· Vitamina E: Almendras, palta, maní, morrón rojo, espinaca y semillas de girasol.

· Carotenoides (beta-caroteno y licopeno): son los responsables de los colores rojizos/anaranjados de ciertas verduras, así como del verde intenso de otras. Espárragos, remolacha, brócoli, zanahoria, morrones, kale, mangos, calabaza, espinaca, mandarinas, tomates, batatas/boniatos, etc.

· Selenio: castaña de Brasil, pescado, mariscos, carne y arroz integral.

· Zinc: carne, camarones, semillas de sésamo y de zapallo, garbanzos, lentejas, cereales fortificados.

· Polifenoles/flavonoides:

o Quercetina: manzana, cebollas, vino tinto

o Catequinas: té, en especial té verde, cacao, frutos rojos

o Resveratrol: vino blanco y tinto, frutos rojos, uvas

o Ácido p-cumárico: especias y frutos rojos

o Antocianinas: frutillas y arándanos

Las especias son otra excelente fuente de antioxidantes, además de sus beneficios antiinflamatorios y antimicrobianos, como son el caso del orégano (polifenoles/flavonoides), jengibre (gingerol), cúrcuma (curcumina), pimienta negra (flavonoides), romero (flavonoides), entre muchas otras (Yanishlieva et al. 2006).

Como podrán ver, la mejor forma de incorporarlos a todos es consumir una dieta balanceada que incluya cereales integrales, carnes y pescados, legumbres y frutos secos, especias, y por sobre todo, mucha variedad y cantidad de frutas y verduras.

Figura 4: Una dieta balanceada y diversa es la mejor forma de garantizar una adecuada ingesta de los distintos tipos de vitaminas y antioxidantes.

Ahora bien, si los antioxidantes son tan beneficiosos y previenen tantas enfermedades, ¿por qué no tomar simplemente suplementos y vivimos en una juventud eterna?

Porque en la ciencia no todo es blanco/negro o bueno/malo. Y la evidencia sugiere que tomar antioxidantes en exceso a través de suplementos es todo lo contrario a bueno.

Por un lado, porque los radicales libres tampoco son criaturas del demonio, si bien causan daño y estrés oxidativo, también cumplen funciones muy importantes en nuestro cuerpo, por ejemplo, en el sistema inmune al combatir microorganismos infecciosos y otros peligros. Por esta razón debemos tener radicales libres en nuestro cuerpo, en un equilibrio armonioso con los antioxidantes.

Por otro lado, existen estudios que sugieren que consumir suplementos de antioxidantes podrían aumentar el riesgo de ciertos tipos de cáncer (Tanvetyanon et al 2008, Hercberg et al 2007, Lawson et al 2007, Bjelakovic et al 2004). En particular esto se observa en pacientes que ya tenían algún factor de riesgo, y consumieron dosis de antioxidantes mayores a las recomendadas. Una hipótesis que manejan los científicos respecto a esto es que grandes cantidades de antioxidantes podrían llevar el equilibrio al otro extremo, dejándonos sin las cantidades necesarias de radicales libres que necesita nuestro sistema inmune para combatir células cancerígenas y microorganismos infecciosos.

En conclusión, los antioxidantes no son el secreto para la vida eterna, y su exceso podría ser incluso perjudicial. La alimentación nos permite ingerirlos en cantidades adecuadas y está comprobado que una dieta balanceada con distintos alimentos que los contienen se asocia a mayor longevidad y menores enfermedades crónicas. Personas saludables no deben acudir a suplementos y solo deben tomarse cuando realmente haya alguna deficiencia vitamínica particular que lo justifique, lo cual debe indicarlo un médico tras realizar los análisis correspondientes.

Una forma muy fácil de asegurarnos de ingerir cantidad y variedad adecuada de antioxidantes es elegir frutas y verduras de colores intensos y diversos. Eat the rainbow, come el arcoíris.

Referencias:

Lobo, V., Patil, A., Phatak, A., & Chandra, N. (2010). Free radicals, antioxidants and functional foods: Impact on human health. Pharmacognosy reviews, 4(8), 118–126. https://doi.org/10.4103/0973-7847.70902

Hitoshi Masaki (2010)., Role of antioxidants in the skin: Anti-aging effects, Journal of Dermatological Science, Volume 58, Issue 2, Pages 85–90, ISSN 0923–1811,

https://doi.org/10.1016/j.jdermsci.2010.03.003.

Yanishlieva, N.V., Marinova, E. and Pokorný, J. (2006), Natural antioxidants from herbs and spices. Eur. J. Lipid Sci. Technol., 108: 776–793. https://doi.org/10.1002/ejlt.200600127

The Nutrition Source, Harvard T.H. Chan, School of Public Health, https://www.hsph.harvard.edu/nutritionsource/antioxidants/

Wenthold (2019)., The Free Radical Chain Reaction, Organic Chemistry, Chapter 5.5, Chemistry LibreTexts, https://chem.libretexts.org/Courses/Purdue/Purdue_Chem_26100%3A_Organic_Chemistry_I_(Wenthold)/Chapter_05%3A_The_Study_of_Chemical_Reactions/5.5.%09The_Free-Radical_Chain_Reaction

Tanvetyanon T, Bepler G. (2008). Beta-carotene in multivitamins and the possible risk of lung cancer among smokers versus former smokers: a meta-analysis and evaluation of national brands. Cancer. Jul 1;113(1):150–7. doi: 10.1002/cncr.23527. PMID: 18429004.

Hercberg S, Ezzedine K, Guinot C, Preziosi P, Galan P, Bertrais S, Estaquio C, Briançon S, Favier A, Latreille J, Malvy D. Antioxidant supplementation increases the risk of skin cancers in women but not in men. J Nutr. 2007 Sep;137(9):2098–105. doi: 10.1093/jn/137.9.2098. PMID: 17709449.

Lawson KA, Wright ME, Subar A, Mouw T, Hollenbeck A, Schatzkin A, Leitzmann MF. (2007). Multivitamin use and risk of prostate cancer in the National Institutes of Health-AARP Diet and Health Study. J Natl Cancer Inst. 2007 May 16;99(10):754–64. doi: 10.1093/jnci/djk177. PMID: 17505071.

Bjelakovic G, Nikolova D, Simonetti RG, Gluud C. (2004). Antioxidant supplements for prevention of gastrointestinal cancers: a systematic review and meta-analysis. Lancet. 2004 Oct 2–8;364(9441):1219–28. doi: 10.1016/S0140–6736(04)17138–9. PMID: 15464182.

Emprendimiento de Divulgación Científica hecho por científicos/as. Tenemos la misión de promover el impacto de la ciencia en el desarrollo de la sociedad.

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