Alimentando al Cerebro

Influencia de la dieta en la neurodegeneración

Autora: Samantha Vargas (savargasluna@gmail.com)

Editores: Felipe Peralta, Sergion Senin y David Cuaspud.

La alimentación es fundamental para que nuestro organismo lleve a cabo todos los procesos, del mismo modo, es importante para un correcto funcionamiento cerebral, ya que el cerebro como cualquier otro órgano necesita nutrirse para un óptimo funcionamiento tanto de las vías de regulación de neurotransmisores como en la respuesta inmune (Livingston et al,2020; Morris et al, 2016).

El cerebro regula su funcionamiento a partir de diversos nutrientes, uno de ellos es la glucosa, esta es la que le da el aporte energético importante permitiendo un adecuado desempeño de las actividades neuronales. Al existir una deficiencia de glucosa, el cerebro no funciona adecuadamente provocando nerviosismo, irritabilidad, cansancio, falta de concentración o mareos (Livingston et al,2020; Vilaplana, 2016).

Existe una serie de nutrientes esenciales para un buen funcionamiento del cerebro como, el fósforo (aportan en el funcionamiento de las membranas celulares), ácido docosahexaenoico (mantienen el normal funcionamiento del cerebro), yodo (contribuye con el funcionamiento normal del sistema nervioso y las funciones cognitivas), ácido fólico (contribuye a la salud mental), ácido pantoténico (ayuda al rendimiento intelectual normal), calcio (favorece a rendimiento intelectual normal), agua (mantiene las funciones normales y cognitivas del cerebro), hierro y zinc (ayuda a la función cognitiva normal) (Morris et al, 2016). Además, la Biotina, B1, vitamina B6, vitamina C ayudan en el funcionamiento normal del sistema nervioso y a una función psicológica normal. El cobre, magnesio, potasio, vitamina B2, B12 y B3, favorecen el normal funcionamiento del cerebro (Vilaplana, 2016).

Describiendo en profundidad la función que cumplen las vitaminas del grupo B, tenemos que la B1 o tiamina tiene un rol fundamental en el metabolismo de los hidratos de carbono y su deficiencia afecta tanto a los tejidos que dependen mucho de este suministro energético, como al cerebro. La carencia de esta vitamina produce irritabilidad, falta de concentración y de memoria, y puede ser causa de depresión.

Por otro lado, la vitamina B6 o piridoxina, está involucrada en diferentes aspectos del metabolismo y la biosíntesis de varios neurotransmisores como, la serotonina la cual es sintetizada a partir del aminoácido esencial triptófano. También interviene en la formación de las vainas de mielina de las neuronas, sustancia que recubre a los axones y su función principal es la de aumentar la velocidad de transmisión del impulso nervioso (Vilaplana, 2016; Livingston et al,2020).

La vitamina B12 o cianocobalamina participa en el buen funcionamiento del sistema nervioso, por lo que su deficiencia produce trastornos neurológicos, como neuropatía sensitiva (lesiones traumáticas, infecciones, problemas metabólicos, herencia y exposición a toxinas) con irritabilidad y depresión (Vilaplana, 2016).

Otro nutriente importante que contribuye a la salud mental es el aminoácido esencial triptófano, precursor de la melatonina. En procesos previos, el triptófano es transformado en serotonina, que es un neurotransmisor capaz de mantener un buen estado de ánimo y previene en patologías neuronales como la depresión; y también está relacionada con el descanso reparador. Por lo que, la cantidad de serotonina es proporcional a la cantidad de triptófano en el plasma y el cerebro. Simultáneamente, la serotonina se convierte en la molécula N-acetilserotonina, precursora (sustancia que da paso a la producción de otra) de la melatonina, la cual, actúa como resincronizador del ritmo circadiano sueño-vigilia. De ahí, la importancia de una dieta que contenga alimentos ricos en triptófano, necesario para que el organismo, de manera natural, pueda sintetizar las cantidades idóneas de serotonina y de melatonina (Vilaplana, 2016).

Durante muchos años se han llevado a cabo estudios epidemiológicos que demuestran los efectos de la alimentación en el funcionamiento del cerebro y, a su vez, en el desarrollo o prevención de enfermedades mentales. Se han evaluado los efectos protectores que pueden tener nutrientes como: vitamina E, las vitaminas B, el ácido docosahexaenoico y los ácidos grasos. Existe evidencia científica de una asociación positiva para el consumo de verduras (especialmente verduras de hoja verde, fuente de folato, vitamina E y carotenoides), mariscos (una fuente de ácidos grasos omega 3) y bayas (una fuente de polifenoles) (Morris et al, 2016; Vilaplana, 2016; Vinciguerra et al, 2020).

De igual manera, se ha demostrado que las dietas ricas en grasas saturadas y grasas trans aumentan el deterioro cognitivo y el riesgo de desarrollo de demencia. Adicionalmente, se ha sugerido efectos nocivos para la excesiva ingesta de hierro, cobre (junto con dietas ricas en grasas saturadas) y folato sintético o ácido fólico (Morris et al, 2016).

Por tanto, la nutrición ofrece una interesante oportunidad de investigación, ya que recientemente se ha demostrado que la reducción de la ingesta de grasas trans y grasas saturadas (por ejemplo, carnes rojas y procesadas), disminuir el consumo de productos lácteos y el aumento de la ingesta de frutas, verduras, legumbres y cereales integrales podría asociarse con la mejora de la función cognitiva y la prevención de la Enfermedad de Alzheimer (EA). Esto se plantea por el surgimiento de diferentes patrones de alimentación que se han adaptado, incluida la dieta mediterránea (MedDi), la dieta cetogénica (KD) y la restricción calórica. La intervención de este tipo de dietas podría posiblemente reducir las características fisiopatológicas de la EA (Vinciguerra et al, 2020).

Las dietas MedDi y KD han sido los dos patrones de alimentación más estudiados por su posible beneficio sobre las funciones cognitivas. Ambos, de hecho, han demostrado ser eficaces para reducir o retrasar el deterioro cognitivo en las personas mayores al actuar a través de diferentes mecanismos fisiopatológicos (Vinciguerra et al, 2020). Para mantener un buen funcionamiento neuronal y a su vez prevenir el desarrollo de enfermedades neurodegenerativas.

Referencias:

Meneses, K & Carrascal, J. Alimentación “de verdad”: realidades, luces y sombras (I). Recuperado el 22 de noviembre del 2020 de: https://fundacion.sediabetes.org/wp-content/uploads/2020/03/07-Nutricion-Alimentacion-de-verdad.pdf.

Morris, M. C. (2016). Nutrition and risk of dementia: overview and methodological issues. Annals of the New York Academy of Sciences, 1367(1), 31–37. doi:10.1111/nyas.13047.

Livingston, G., Huntley, J., Sommerlad, A., Ames, D., Ballard, C., Banerjee, S., … Mukadam, N. (2020). Dementia prevention, intervention, and care: 2020 report of the Lancet Commission. The Lancet. doi:10.1016/s0140-.

Vinciguerra, F., Graziano, M., Hagnäs, M., Frittitta, L., & Tumminia, A. (2020). Influence of the Mediterranean and Ketogenic Diets on Cognitive Status and Decline: A Narrative Review. Nutrients, 12(4), 1019. doi:10.3390/nu12041019.

Vilaplana, M. (2016). Alimentación y Neuronas. Elsevier. 30(6), 17–20. ISSN: 0213–9324.

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